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De sa rollo

En mis clases de desarrollo somos: un británico, una francesa, un chino, dos kenianos y yo, una latinoamericana -habitualmente hubiera dicho latina pero ya me parece un término muy general que incluye también algunos países europeos, así que prefiero ser más puntual-.

La francesa me dijo un día aquí sólo hace falta un americano para representar todos los continentes. Yo, ahí mismo salté. A ver, mira, niña, el continente se llama A M E R I C A, no sólo EUA, por lo tanto SU-RA-ME-RI CA (o sea yo) representa en este caso el continente. No sé si le deba echar la culpa de su ignorancia a la edad (23), a su bajo comando del idioma o a que es europea (etnocentrismo).

Pero lo cierto es que en un ambiente multicultural es muy difícil dejar a un lado las generalizaciones. El profesor de desarrollo da ejemplos que son relacionados con África-Kenia o con Europa, saltándome en sus señalamientos cuando apunta a mis compañeros. Todavía no sé cómo ven Suramérica, si más hacia Europa o hacia África. ¿Acaso forma parte de Occidente?  Me sentiría incómoda y lista a revirar si en las cosas negativas la asocian más con África, pero por otro lado las desigualdades e inequidades de mi región no se pueden asemejar con Europa. ¿Entonces qué?

Yo estoy en la mitad y a veces me gusta. Ni tanto pero tampoco tan poco. Sin embargo, ver tanta ignorancia me enerva -aunque confieso que si yo veo en mi propio país lo poco informados que estamos en cuanto África, también me dan ganas de llorar-.

Este curso a parte de estudiar el hombre, su comportamiento y blah, blah, blah; me enseña más de la cultura keniana y europea. ¡Tengo que dejar mis juicios de valor a un lado y enfocarme más en las teorías!

Multi-culti-Kenia

Todos los días, desde hace un año, cuando espero que mis hijos lleguen del colegio a las 4 pm, veo la misma rutina desde mi apartamento del cuarto piso. El houseboy (muchacho) en la terraza de la casa vecina, calvo, con bermudas grises y camiseta polo azul con el cuello parado, descansa un rato, prende un cigarrillo y tose con ese sonido de viejo fumador. Luego dobla la ropa del colgador y plancha. Yo lo veo y lo analizo camuflada tras las rejas de mi balcón. Se ve contento, sonríe y pareciera que disfruta lo que hace. Plancha bien y rápido.

En Kenia no es raro ver houseboys. Ellos se encargan de los quehaceres de la casa; de lavar a mano, planchar y hasta cocinar. Mi vecino número uno tiene a Arthur, un tipo grande de unos 40 años, que siempre lleva gorrito y chaqueta de cuero negra. Viene a trabajar seis -a veces siete días a la semana- a las 7:00 am y se va hacia las 7:00 pm. Como la gran mayoría de africanos, sonríe ampliamente y es especial con los niños.

Desde mi balcón también veo a G jugar con su niñera. Él tiene 2 años, es keniano con ascendencia india. Su religión es sikh, por eso no se corta el pelo y siempre anda con una bolita de pelo recogido en el tope de la cabeza. Él juega con su niñera a la pelota, generalmente el guardia de turno o el asistente del edificio se unen al juego unos minutos y todos pasan un buen rato hasta que G debe subir a su apartamento número tres.

Alrededor de 100.000 indios viven actualmente en Kenia, siendo la comunidad extranjera más grande del país. Llegaron en la colonia cuando los británicos los trajeron para construir la línea del ferrocarril Uganda-Kenia. Desde entonces se asentaron en el país y tienen gran poder e influencia. De hecho, los grandes negocios son liderados por indios-kenianos. Está por ejemplo, Nakumat, el supermercado gigante; Hot Point, venta de electrodomesticos; One Way, camisetas y kikoys que también provee a colegios y empresas. Ni qué decir de las medianas y pequeñas empresas y, gente del común que incide en la economía.

Ellos han conservado fielmente su cultura. Generalmente no se casan con los kenianos, tienen sus propios colegios y hasta almacenes de comida. Su acento en inglés es idéntico entre ellos (con esa forma de pronunciar la r tan característica) y mueven la cabeza como diciendo no para decir si. Las mujeres se visten con sarit o con salwar-kameez, vestidos típicos, y cocinan idéntico esos platos deliciosos llenos de especias. 

Los indios han influenciado también la cultura de África oriental (Uganda, Kenia, Tanzania). Por eso no es raro que uno de las comidas favoritas aquí sea el chapati, una tortilla de harina, de origen indio.

A eso de las 11 am y 5 pm el edificio se va llenando de un aroma suave y acogedor que provoca los sentidos del olfato, el gusto y, el tacto –este último de los más afortunados que se sientan a saborearlos. Ya sé que a esa hora las mujeres preparan los manjares para sus familias. 

Yo he tenido suerte porque mi vecina del número dos y que es viejita y vive con su esposo -quienes a su vez son los papás del número uno-, una vez me invitó a almorzar. Prometí volver para anotar la receta de la sopa, con la papa y espinaca, pero hasta ahora no he cumplido.

Y entonces, mis hijos llegan del colegio y suben a regañadientes a nuestro apartamento, el número dos.

Gay gay guys

(en inglés gay tradicionalmente significa alegre pero en el inglés moderno significa homosexual)

Resulta que el sábado pasado apareció un artículo en el Daily Nation –uno de los periódicos más leídos aquí- sobre la primera pareja gay de kenianos que se casaba por lo civil en Inglaterra. En la primera página el titular y adentro una foto por separado de la pareja con el respectivo artículo, explicando a lo que se dedicaba cada uno y que sería el segundo matrimonio de uno de ellos –para the Bride, (la novia) para usar palabras textuales y, despectivas además, del periódico.

El lunes siguiente salió otra vez la feliz pareja recién casada, esta vez en una sola foto, sonriendo y vestida elegantemente acorde a la ocasión. Hoy, viernes, de nuevo es titular de primera página con una foto chiquita de the bride (aunque me parece displicente el término del periódico, usaré la palabra para referirme a él más adelante) y este texto: matrimonio gay trae pesar a la familia del hombre. La pareja de Gran Bretaña enfrenta ira de vecinos homofóbicos.

Dentro del artículo los hermanos de the Bride dicen que los han acosado y que los papás están afectados por el tema. Una vecina explica que, “siempre supimos que él estaba casado con un hombre blanco. Pero lo que no sabíamos era del segundo esposo”. Otro más dice que la riqueza de la familia ha sido con plata de homosexualidad y, alguien más allá afirma que la casa y el lote que tienen los papás fueron pagados en la dote que el mzungo (blanco en swahili) le dio al casarse. 

Varias cosas me llamaron la atención. Primero el despliegue exagerado de la noticia tantos días –aunque es entendible que el tema atraiga lectores porque en Kenia el tema es un tabú. África en general es bastante conservador en temas de homosexualidad. Se percibe como un fenómeno No Africano, introducido al continente por colonialistas europeos degenerados.  

Aquí en Kenia, por ejemplo, es ilegal y se castiga hasta con 14 años en la cárcel. Según Lonely Planet (la guía de viajes) en una encuesta nacional hecha en junio de 2005, el 98% dijo que matrimonios del mismo sexo estaba en contra de sus principios personales y religiosos. Una tercera parte se declaró totalmente en contra de la homosexualidad y el 96% señaló que se oponía a sus creencias. Según la Onu, sigue diciendo Lonely Planet, entre el 5 y 10% de los casos de VIH/Sida en Kenia se debe a sexo entre hombres gay.

Otra cosa que me llamó la atención es el concepto del segundo esposo. En Kenia, en particular, la poligamia es ampliamente reconocida, aceptada, valorada y además legal bajo la ley de cotumbres (Customary Law). No sólo se acepta tener más de una esposa sino que la infidelidad es parte de la cotidianidad. Claro, los más felices son los hombres porque sólo es permitido para ellos -pero ese es tema para otro día-. Así que la frase de la vecina de “(…) lo que no sabíamos era del segundo esposo (…)” denota la creencia de que the bride sigue su relación con su primer esposo y que el nuevo vendrá a compartir los derechos de ser cónyuge.

Para mi es claro que no. Que se terminó la relación de compromiso con su ex y que el nuevo será el principal. Tal vez para mi es claro porque soy occidental –odio esas etiquetas- y porque creo en la monogamia y en el hecho de que alguien puede separarse de su ex dándole fin al vínculo (aunque pueden seguir siendo amigos). En fin.

La tercera cosa que me llamó la atención fue el pago de la dote. Kenia sigue siendo extremadamente patriarcal y, sobretodo, en el campo, se espera el pago/recibimiento de la dote cuando la hija se casa. Así que en el caso de la pareja gay se asume que el novio (que era además mzungu) pagó por casarse y que con esa plata los papás construyeron la casa y compraron la tierra. Otra vez, para mi es difícil de aceptar.

Una cosa es el pago de la dote por tradición y cultura entre locales –en el que al menos uno de ellos es joven-, pero otra es la de una pareja interracial, madura, en este caso, que vive en el exterior hace años. Lo más lógico para mi es que ahorraran juntos, que a los dos les perteneciera esa plata con la que luego decidirían qué hacer. Pero no, aquí la dote es cuestión del valor económico de una persona y el pago a la familia, ni siquiera a la directamente involucrada.

Siguiendo con las reflexiones

No sé cuál es el escándalo y el despliegue exagerado y morboso con el matrimonio entre personas del mismo sexo. En mi país latinoamericano aunque el tema sigue siendo tabú y los homosexuales no son completamente aceptados, estamos más cerca de respetarlos y aceptarlos.

Pareciera que al matrimonio sólo lo vieran como algo exclusivamente sexual, pero un matrimonio es más que eso. Es convivencia y mirar los dos para el mismo lado, parafraseando a Exupery. ¿Por qué dos personas del mismo sexo entonces no pueden tener esa familiaridad y esas cosas en común para andar en la vida y poder legalizarlo y hacerlo focial? Es como si el matrimonio per sé estuviera ligado exclusivamente al sexo. Quítenle el sexo al matrimonio y una convivencia entre dos personas del mismo sexo deja de llamar la atención.

No sé si a the Bride le importa lo que pasa aquí en Kenia y todo el alboroto que se ha formado por él –con intención o sin ella-. Después de todo él salió en el 94 para Europa, vino un par de veces con su ex esposo mzungu (la palabra no es despectiva, es usada ampliamente también por los mzungus) y organizó su vida lejos de su tierra natal. Qué viva feliz y alejado de los prejuicios de la sociedad. Live and let live! 

Ese tipo de cosas me cuestionan y me hacen caer en la cuenta de que por más de que yo diga o quiera creer que nos parecemos y que todos somos iguales, realmente venimos de dos mundos diferentes.

Seguimiento a la noticia

El fin de semana pasado salieron otra vez artículos relacionados con la pareja (déle con el temita). El domingo apareció el testimonio de the Bride y dijo que los dejaran en paz, que no estaban haciendo nada malo. Que lo medios le estaban haciendo daño a su familia y que por favor dejaran el tema de lado. ´

 Y el martes el título fue “sacerdote culpa a las mujeres de la cólera sobre gays”. Así es, el cura en Malindi (una ciudad costera en Kenia) en su sermón dominical sugirió -para ponerlo en palabras textuales del escrito- que el matrimonio entre los dos hombres era el resultado del fracaso de las mujeres y de que ellas ya no eran aptas para casarse.

 Dijo además, que los hombres que se casaron recientemente decidieron hacerlo entre sí porque las mujeres no pudieron darles lo que deberían en el matrimonio. Además que se han vuelto muy complicadas e inatractivas para el matrimonio. “Uds. han frustrado los hombres y han hecho que ellos busquen entre ellos mismos el disfrute que viene con el matrimonio”. Obviamente las mujeres que estaban en la misa empezaron a protestar y a gritar, diciéndole que el problema no eran ellas sino los hombres.

Pese a que Kenia es patriarcal y se ve mucho machismo, hay mujeres muy fuertes en campos como la política que tienen voz y han logrado cosas positivas para las mujeres. Y ni qué decir adentro de las familias. Ellas pese a ser madres solteras, viudas o separadas sacan a sus hijos adelante sin que les tiemble la mano. 

 

Decía que después de mucha reflexión las ganas de publicar –aunque no sean fuertes por ahora- volvieron a mí. Es que no es de extrañarse, llevo tres años y medio en África, viviendo en tres diferentes países y viajando en otros tantos. África ya perdió la novedad pero debo aclarar que no el encanto. El romanticismo ciego dio paso a la realidad más objetiva y distante.

Después de la emoción y el agite de los primeros meses en cada país y años en el continente, la información ha decantado. ¿Será por los años vividos aquí? o mejor, ¿por los años que me han pasado a mí?

No lo sé. Como sea, recapacité en un viaje reciente a Zanzibar (Tanzania) y empecé a cuestionarme si era sensato guardarme todo lo que veía. Esos pequeños detalles de la cotidianidad, del paisaje, de una nueva y lejana tierra, que siguen siendo importantes para mí.

Mucha gente todavía me pregunta ¿y cómo es eso por allá? Y yo hablo y hablo y explico que hay cosas muy similares con Latinoamérica y que es un buen lugar para vivir y que la información que llega sobre África, aunque cierta, es sólo un lado de la moneda –igual que lo que llega aquí sobre Latinoamérica-. Y hablo de lo maravillosa que es la gente y ni qué decir de los paisajes. Y explico que quiero que mis hijos crezcan aquí y que, pese a que puede tornarse extenuante-estresante-solitaria-desafiante la vida, no quiero salir por lo pronto de aquí.

Tal vez fue el clima cálido de Zanzíbar, el agua del océano Índico, la arena blanca y suave como talco. Tal vez el estar toda la familia reunida y caminar por las calles del centro histórico en Stone Town, ver las calles angostas en contraste con puertas inmensas de madera tallada en las casas. Tal vez fue reflexionar que la isla es la cuna del cantante de Queen Freddy Mercury y que pocos lo saben. O saber que el lugar fue paso importante de comercio y no sólo de productos sino de esclavos, con Arabia y el resto de África.

No sé. Pero lo que sí sé es que recapacité. Recapacité de lo importante que es dejarles mi testimonio de vida a quienes no tienen ningún acercamiento con el continente más allá de los libros –la mayoría escritos por europeos, con su visión europea- y hacerlo en mi idioma, a través de los ojos latinos de una mujer.

Otra vez

Empiezo hoy un nuevo blog como forma de desahogo, acompañamiento y disciplina profesional. Empiezo hoy decidida a sacar las  notas de varios cuadernos acumulados en este tiempo de mi vida en el extranjero y ponerlas al alcance de algunos.

Durante casi dos años me resistí a publicar porque, además, sentía que lo que dijera era llover sobre mojado, decir sobre lo dicho. Todo se volvió para mi cliché y obvio. Me dejé llevar por ese torbellino de extranjeros que viven hace mucho tiempo por fuera y nada los sorprende y, que tampoco quieren compartir la información con otros porque nadie los entendería igual.

Las razones que me impidieron escribir dejaron de tener peso de repente dando paso a otras más poderosas que me animaban a continuar: compartir la información en español, mantener la identidad, estar alerta a pequeños detalles, escribir sin censura, entre otros.

Puede ser que lo que yo escriba se haya dicho mil veces, se haya analizado y sea muchísimo mejor, pero lo que cuente ahora en este blog será bajo mi propia experiencia, mi punto de vista y mi propia historia. Una mujer latina viviendo en África.

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